NAMASTÉ



"Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti de amor y luz, de verdad, y paz. Yo honro el lugar dentro de ti donde cuando tú estás en ese punto tuyo, y yo estoy en ese punto mío, somos sólo Uno."


Un día me levanté y ví que algo había cambiado a mi alrededor, en mi. Me inundaba una serena sensación de Paz y Amor por todo lo creado. Una simple florecilla me parecía entonces lo más hermoso y más grande en su perfección. La sonrisa de un niño, las lágrimas de un anciano... Mirarme a mi misma en el espejo... El mundo en sí parecía tener colores de recién pintado.

Al principio, yo no entendía a que podía deberse aquel cambio que sólo yo parecía ver. Nadie a mi alrededor parecía ser consciente de que todo a su lado brillaba de otra manera excepto yo. Llegue incluso a pensar si no estaría volviéndome loca, pero no. Simplemente había tomado conciencia de quien soy.

Poco a poco, al principio con paso inseguro y un tanto sola, fui iniciando mi camino. Buscaba a ciegas información en los sitios mas insospechados. Era como si una voz interior me guiase. (No puedo dejar de sonreír ante este comentario: "una voz interior".) Lejos estaba entonces de saber que era precisamente eso lo que me impulsaba a seguir.

Pronto comencé a conocer a gente que se encontraban en mi misma situación. Pronto comenzaron a aparecer en mi vida personas, Almas de Luz, que me fueron guiando, ayudando, consolando cuando tropezaba y caía y empujándome cuando parecía que iba a desistir en mi labor.

Comprendí que significaba haber DESPERTADO. Comprendí la tarea que tenía por delante para llevar a buen puerto la misión que se me encomendó. Aprendí lo ya sabido de nuevo, como si fuera de nuevo un bebe recién nacido. Viaje en mis sueños a las ciudades de sanación.

Ahora sé que soy Amor porque provengo del AMOR del PADRE y que como tal, estoy para difundir ese mismo Amor por todo lo que ÉL creó. Que mi meta está en ir evolucionando hacía la perfección y en ayudar a aquellos de nuestros hermanos que comiencen su caminar como un día fui ayudada yo.


*********


Por todo esto puedo y debo deciros:


Yo soy Drisana, la hija del Sol.


Ese es el significado de mi nombre, al menos el nombre más antiguo que recuerdo haber tenido en esta dimensión desde la primera vez que encarne en mi amada Lemuria.


En este aquí y ahora he vuelto de renacer, he despertado a la verdad y he recordado. Me he reconocido en cada un@ de mis herman@s. He reaprendido a amar al Padre-Madre y a toda su Sagrada y Divina Creación.


Y he sentido el llamado ancestral que anclado en lo más profundo de mi Esencia, me empuja a ayudar e iluminar desde la humildad de mi Ser y como persona humana, al resto de mis herman@s que ya están despertando.


Es tiempo de volver a Ser aquello que tan profundamente duerme dentro de nosotr@s. Tiempo de abrir los ojos del Alma, de avivar la llama imperecedera del AMOR Incondicional que se guarda en la cámara mas secreta de nuestros corazones. Tiempo de reconocer nuestra parte Divina. Tiempo de entender que como parte de la más Pura Luz del PADRE, tenemos un trabajo que hacer, una misión que cumplir.


Es tiempo de regresar al Hogar.


¡Despertar!


Llegó la hora de volver a ser Unidad con el UNO y de brillar con su Infinita Luz.


Desde la LUZ y con el AMOR más puro y profundo, os pido que repitáis conmigo:


YO SOY el/la que YO SOY y como tal me manifiesto en la Serena Paz, la Pura Luz y el Infinito Amor Incondicional del PADRE-MADRE.


YO SOY el/la que YO SOY



Que la LUZ del PADRE ilumine siempre nuestros corazones y junto con sus Ángeles y Arcángeles, seamos dignos y capaces de llegar al mismo centro de SU corazón,


La Paz y el Amor con nosotros.


Drisana

viernes, 22 de junio de 2018

ABRIRSE A LA CONCIENCIA TRANSPERSONAL, por Enrique Martínez Lozano


ABRIRSE A LA CONCIENCIA TRANSPERSONAL, 
por Enrique Martínez Lozano


¿Quién es el perceptor del yo? 

¿Quién es Aquél que percibe y que no puede ser percibido por nadie, pero al que se percibe en todo lo percibido? Para la persona religiosa, la respuesta saltaría inmediata: Dios. Y es una respuesta en la línea correcta, una respuesta bien intuida. Sólo que ese Dios no permite ser pensado; cuando la persona religiosa lo piensa o lo nombra, “desaparece” y, en su lugar, aparece un “ídolo”, una proyección. Eso es lo que significa que Dios puede ser vivido, pero no puede ser pensado.

El “yo pensador” está localizado en la cabeza, pero ¿quién lo percibe? Trata de dirigir tu atención hacia detrás de tu cabeza, hacia el perceptor del “yo”. Lo que percibes ahí es un “Vacío”, un mar ilimitado de Conciencia, asociada a no-algo. Entrégate a ella, hasta que sólo sea “Ella” (“Ello”). Reconócete en esa identidad y permanece ahí, en el no-pensamiento: eres esa Conciencia absoluta e ilimitada. Eso, y no tu pequeño “yo”, es la verdadera Identidad. Con lo cual, ni se niega el yo, ni se cae en el panteísmo, pero todo se percibe de otra manera.

A partir de aquí, podemos abrirnos a conectar con Ella en todo lo que nos rodea, en un proceso progresivo de “identificación” con la Conciencia (Dios): durante el tiempo de meditación y en la vida cotidiana. Y así, poco a poco, vas pasando de pensarte a ti mismo como una conciencia separada asociada a un “yo”, a “abrirte” y percibirte como Conciencia ilimitada, omniabarcante, como si todo estuviera “de este lado de tu piel” (K. Wilber).

Podemos, pues, aprender a descansar en Lo Que Es, que, para el creyente, equivale a descansar en Dios y entregarse “afectivamente” a Él, aun sin palabras, sin imágenes y sin pensamientos…, conscientes de que si hay pensamientos, ya no es Él, sino mi pensamiento. Ello requiere trascender el yo, en un proceso de des-identificación del mismo, que se produce cuando lo observamos “desde fuera”, para abrirnos a una Identidad que es más que el yo habitual. Empezamos a liberarnos de las cadenas del yo, de sus intereses, miedos y necesidades egoicas, para empezar a percibirnos como el Testigo-que-observa. Caemos en la cuenta, entonces, de que la frontera de la conciencia individual era únicamente una frontera ilusoria.

A veces ocurre que, cuando damos un paso atrás, abriéndonos a esa Conciencia ilimitada que es, solemos cometer un gran error al creer que vamos a ver o sentir algo muy especial. Pero no se ve nada; más aún, si se viera algo no sería sino otro objeto más. No, ahí lo único que se percibe es una sensación de libertad, una sensación de Liberación de la identificación con los pequeños objetos finitos. Tú eres esa Libertad, esa Apertura, esa Vacuidad, y no cualquier cosa que emerja en ella. Descansa en Lo Que Es y notarás que la sensación de Ello y la sensación del mundo son una y la misma (No-dualidad).

“¿Quién soy yo?”. El sabio y místico hindú Ramana Maharshi enseñaba el método conocido como de la “auto-indagación” o “indagación” del yo”. Empieza preguntándote “¿quién soy yo?”… Y ve desoyendo todas las respuestas que aparezcan, porque ninguna de ellas es ajustada. No soy mi cuerpo, no soy mis sentidos, no soy mis órganos…, no soy ni siquiera esa mente que piensa. Si nada de eso soy, entonces, ¿quién soy?

Llegará un momento en que la respuesta aparecerá como Vacío, en el sentido de negación del “yo” habitual, y como Conciencia absoluta no-dual. “Tras haber negado todo lo arriba mencionado diciendo “eso no”, “eso no”, esa Conciencia que es lo único que permanece, eso soy… La naturaleza de la Conciencia es Sat-Chit-Ananda, existencia-conciencia-felicidad”.

En la auto-indagación, uno nota que el “yo” es indagado por otro agente previo del cual poco sabemos, un agente silencioso, que reside más allá de cualquier comprensión mental. El yo no es algo que resida en la mente ni fuera de ella. Como alguien ha dicho, el yo es una verdad en la que todos creen, pero que nadie puede probar. No sólo eso, es la fuente de la dualidad, de la impermanencia y del sufrimiento.

Cuando trascendemos el pensamiento, trascendemos el yo y entonces, como escribe Wilber en su Diario, “el observador y lo observado se hacen Un Solo Sabor”. “Hasta que no se trasciende la dualidad y se realiza el estado de Un Solo Sabor —había escrito el maestro Padmasambhava—, es imposible alcanzar la iluminación. El ignorante sólo ve la dualidad externamente transitoria”. Pero, cuando se experimenta, puede exclamarse con Alfred Tennyson: “Mi individualidad parece disolverse y desvanecerse en el ser ilimitado… Es un estado en el que la muerte es una imposibilidad irrisoria y la pérdida de identidad —si es que puede hablarse de tal cosa— no se asemeja en nada a la extinción sino, por el contrario, a la única vida verdadera”. O con el anónimo poeta indio americano:

No vayas a mi tumba y llores
pues no estoy ahí.
Yo no duermo.
Soy un millar de vientos que soplan,
el brillo de un diamante en la nieve,
la luz del sol sobre el grano maduro,
la suave lluvia del verano.
En el silencio delicado del amanecer
soy un ave rápida en vuelo.
No vayas a mí tumba y llores,
no estoy ahí,
yo no morí.

Y puede comprenderse lo que, siglos atrás, expresara el místico Maestro Eckhart: “Nadie conoce mejor a Dios que aquellos que están completamente muertos”, donde el término “muerte” hay que entenderlo como ausencia de la sensación de identidad separada o identidad del “yo”.



Enrique Martínez Lozano

Extracto del libro: Vivir lo que somos

Fuente: www.advaitainfo.com

jueves, 21 de junio de 2018

AMAR LO QUE ES, por Byron Katie


AMAR LO QUE ES, 
por Byron Katie

Lo que es, es. 

Únicamente sufrimos cuando creemos un pensamiento que no está de acuerdo con lo que es. Cuando la mente está perfectamente clara, lo que es, es lo que queremos.

Querer que la realidad sea diferente de lo que es, es igual que intentar enseñar a ladrar a un gato. Puedes intentarlo una y otra vez y al final, el gato te mirará y volverá a decir: «Miau». Desear que la realidad sea diferente de lo que es, es desesperante.

Las personas aún no familiarizadas con El Trabajo me dicen a menudo: «Pero si renunciase a mi discusión con la realidad, perdería parte de mi poder. Si sencillamente acepto la realidad, seré pasiva. Quizás incluso pierda el deseo de actuar». Yo les contesto con una pregunta: « ¿Puedes saber que eso es verdad con absoluta certeza?» ¿Qué es más poderoso?: «Ojalá no hubiese perdido mi trabajo» o «Perdí mi trabajo; ¿qué puedo hacer ahora?»

El Trabajo revela que lo que piensas que no debería haber sucedido, sí debería haber sucedido. Debería haber sucedido porque así fue y ningún pensamiento en el mundo puede cambiarlo. Eso no quiere decir que lo justifiques ni que lo apruebes.

Sólo significa que eres capaz de ver las cosas sin resistencia y sin la confusión de tu lucha interior. Nadie quiere que sus hijos enfermen, nadie quiere ser víctima de un accidente de coche; pero cuando estas cosas ocurren, ¿de qué forma podría ayudar discutir mentalmente con ellas? Sabemos que no tiene sentido, y sin embargo, lo hacemos porque no sabemos cómo dejar de hacerlo.

Soy una amante de lo que es, no porque sea una persona espiritual, sino porque me duele cuando discuto con la realidad.

Podemos saber que la realidad está bien tal como es porque cuando discutimos con ella sentimos tensión y frustración.

No nos sentimos naturales ni equilibrados. Cuando dejamos de oponernos a la realidad, la acción se convierte en algo sencillo, fluido, amable y seguro.


Byron Katie


Fragmento del libro “Amar lo que es”

miércoles, 20 de junio de 2018

SOBRE LAS TORMENTAS EMOCIONALES


SOBRE LAS TORMENTAS EMOCIONALES

De vuelta a la vida

Esa tormenta que pasaste te trajo de vuelta a la vida




Gran parte de lo que somos viene determinado por lo que hemos vivido. Solemos subestimar el aprendizaje de las experiencias más duras sin pararnos a pensar en el gran cambio positivo que éstas han podido aportarnos, centrándonos solo en aspectos negativos.

Añoramos cómo éramos antes de que cosas desagradables nos ocurriesen, sin caer en la cuenta de que en la vida inevitablemente pasaremos por este tipo de cosas, de las que podemos salir derrotados o fortalecidos.

En realidad, son los tiempos tumultuosos, las grandes decepciones y los sucesos desagradables los que revelan nuestra verdadera naturaleza y los que provocan que seamos más fuertes y resilientes. Casualidad o no, a veces esa tormenta que pasaste te trajo de vuelta a la vida. Paradójicamente y sin esperarlo, tras reponerte de un daño y un gran dolor, estás más en calma que nunca.

“El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”

-Fiodor Dostoievski-

Las tormentas que nos transforman

Si la vida fuese plana y fácil, no sería vida. Si en el mundo todas las personas fuesen iguales y quisieran lo mismo, las relaciones humanas serían vacías y no existiría motivación de lucha y superación. Incluso imaginando una sociedad plena de justicia e igualdad, algo maravilloso que todos añoramos… los conflictos seguirían produciéndose.

La inestabilidad está en la propia naturaleza que nos rodea y en la propia naturaleza de los seres humanos. No saber tolerar la ambigüedad, la incertidumbre y el conflicto es un abono fértil para padecer trastornos psicológicos. El mito de la estabilidad en nuestras vidas es solo eso, un mito.

Si somos conscientes de este hecho, estaremos preparados y concienciados de que los cambios bruscos y sucesos dolorosos son posibles. Preparados y concienciados, nunca entrenados… ahí radica la belleza y la variabilidad de los seres humanos; en la forma en la que se desenvuelven en lo bueno y en lo malo que les sucede.

La metáfora Kintsugi




A veces cuando hemos pasado por una situación o época dolorosa, creemos que lo más conveniente es pegar nuestros trozos rotos de la mejor manera posible, creyendo que siempre tienen que pasar por el hecho de ocultar nuestras cicatrices.

Queremos a toda costa, salir adelante indemnes del dolor que acabamos de pasar y asociamos pasar página y ser fuertes con no mostrar señales de debilidad. Que nada ni nadie pueda intuir que un día fuimos débiles, que nos rompimos en mil pedazos… eso puede dar la sensación de nuestra fragilidad y de que puedan hacernos daño más fácilmente.

La cultura occidental tiene que aprender mucho de lo que filosofías orientales nos enseñan en este aspecto: El dolor no tiene porque ocultarse, no debemos asociar la falta de dolor con el mantenimiento de la autoestima. El haber pasado por una situación difícil y haberla superado es una señal de orgullo y de belleza.

Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original.

En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.

La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud… La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia, la capacidad de recuperarse.

Las grandes tormentas emocionales traen algo nuevo



 Lo que una tormenta emocional representa en nuestra vida no lo podremos saber hasta que no salgamos por completo de ella. Incluso hay tormentas que aparecen una y otra vez, y no desaparecen por completo hasta que nosotros hayamos conseguido hacerles frente y ponernos bajo cielo raso, asumiendo que siempre los nubarrones asomarán al igual que los rayos del sol.

Una vez más la naturaleza nos da su verdadera enseñanza: nada es inmutable e imperecedero, por muy calmado y hermoso que algo parezca. Los cambios son la única regla que parece cumplirse siempre. Allá arriba y por aquí abajo.

“Una vez acabe la tormenta no recordarás como la superaste, como hiciste para sobrevivir, de hecho ni siquiera estarás seguro de que haya acabado. Pero una cosa es segura, cuando salgas de la tormenta no serás la misma persona que entró. Eso es lo que la tormenta significa”

-Haruki Murakami-





Así que la próxima vez que venga una tormenta es normal que tengas miedo… aunque intenta seguir en pie. Si te revuelca y te magulla, asume ese dolor no con una actitud pasiva o masoquista, sino consciente y selectiva.

Son los pequeños detalles los que pueden revelarte muchas cosas de ti que podrán servirte en adelante. Quizás todas esas pequeñas magulladuras te han mostrado qué y quiénes te han estado haciendo daño.

Al fin y al cabo, hay tormentas que son inevitables en esta vida. Así que una vez que ya estás bajo ellas, deja que te empapen y quizás salgas con las ideas más limpias. O directamente con unas nuevas ideas que te devuelvan a la vida.




Creerme que no es fácil… pero vale la pena intentarlo!!!!!




Fuente: Albert Lennon's Page

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http://loca-mente.com/mente-maravillosa/de-vuelta-a-la-vida/

martes, 19 de junio de 2018

LA MENTE Y LA NATURALEZA DE LA MENTE, SEGÚN EL BUDISMO TIBETANO - - Por Sogyal Rimpoché


LA MENTE Y LA NATURALEZA DE LA MENTE, SEGÚN EL BUDISMO TIBETANO
Por Sogyal Rimpoché

El descubrimiento revolucionario del budismo es que “la vida y la muerte están en la mente, y en ningún otro lugar”.

La mente se revela como base universal de la experiencia; creadora de la felicidad y del sufrimiento, creadora de lo que llamamos vida y de la muerte.

La mente tiene numerosos aspectos, pero hay dos que destacan:

1. La mente ordinaria: la que los tibetanos llaman “sem”.

Un maestro la define así: “Aquello que posee conciencia diferenciadora, aquello que posee un sentido de la dualidad, es decir, que aferra o rechaza algo externo, eso es la mente. Fundamentalmente, es aquello que podemos asociar con un “otro”, con cualquier “algo” que se percibe como distinto del perceptor”.
“Sem” es la mente dualista, discursiva y pensante, que sólo puede funcionar en relación con un punto de referencia exterior proyectado y falsamente percibido.

Así pues, “sem” es la mente que piensa, hace planes, desea y manipula, que monta en cólera, que crea oleadas de emociones y pensamientos negativos por los que se deja llevar, que debe seguir siempre proclamando, corroborando y confirmando su “existencia” mediante la fragmentación, conceptuación y solidificación de la experiencia. (“Sem” es el ego).

La mente ordinaria es la presa incesantemente cambiante e incambiable de las influencias exteriores, las tendencias habituales y el condicionamiento.

Los maestros comparan a “sem” con la llama de una vela en un portal abierto, vulnerable a todos los vientos de la circunstancia.

Desde cierto punto de vista, “sem” es parpadeante, inestable y ávida, siempre entrometida en asuntos ajenos; su energía se consume en la proyección hacia fuera.

A veces me la imagino como un fríjol saltador mexicano o como un mono encaramado a un árbol, que brinca incansable de rama en rama. Sin embargo, vista desde otro ángulo, la mente ordinaria posee una estabilidad falsa y desanimada, una inercia auto-protectora y pagada de sí, una calma pétrea hecha de hábitos arraigados.

“Sem” es tan taimada como un político corrompido, escéptica y desconfiada, ducha en astucias y trapacerías, ingeniosa en los juegos del engaño. Es dentro de la experiencia de esta “sem” caótica, confusa, indisciplinada y repetitiva, esta mente ordinaria, donde una y otra vez sufrimos el cambio y la muerte.

2. La naturaleza misma de la mente, su esencia más íntima, que es siempre y absolutamente inmune al cambio y a la muerte.

Ahora se halla oculta dentro de nuestra propia mente, nuestra “sem”, envuelta y velada por el rápido discurrir de nuestros pensamientos y emociones. Pero, del mismo modo en que un fuerte golpe de viento puede dispersar las nubes y revelar el sol resplandeciente y el cielo anchuroso, también alguna inspiración puede descubrirnos visiones relámpagos de esta naturaleza de la mente.

Estos vislumbres pueden ser de diversos grados e intensidades, pero todos proporcionan alguna luz de comprensión, significado y libertad. Ello es así porque la naturaleza de la mente es de por sí la propia raíz de la comprensión.

En tibetano la llamamos “Rigpa”, una conciencia primordial, pura y prístina que es al mismo tiempo inteligente, cognoscitiva, radiante y siempre despierta.

Se podría decir que es el conocimiento del propio conocimiento.

No hay que caer en el error de suponer que la naturaleza de la mente es exclusiva de nuestra mente sólo. De hecho, es la naturaleza de todo.



Conocer la naturaleza de la mente, es conocer la naturaleza de todas las cosas.

A lo largo de la historia, los santos y los místicos han adornado sus percepciones con distintos nombres y le han conferido distintos rostros e interpretaciones, pero lo que experimentan fundamentalmente todos ellos es la naturaleza esencial de la mente.

Los cristianos y los judíos la llaman “Dios”; los hindúes la llaman “Shiva”, “Brahman”, “el Yo” y “Vishnú”; los místicos sufíes la llaman “la Esencia Oculta”, y los budistas la llaman “la naturaleza de buda”.

En el corazón de todas las religiones se halla la certidumbre de que existe una verdad fundamental, y que esta vida constituye una oportunidad sagrada para evolucionar y conocerla.

Buda significa una persona que ha despertado completamente de la ignorancia y se ha abierto a su vasto potencial de sabiduría.

Un buda es una persona que ha puesto en definitivo final el sufrimiento y la frustración y ha descubierto una paz y una felicidad duraderas e inmortales.

La naturaleza de buda la tenemos todos. La iluminación está al alcance de todos.

Por medio de la práctica podemos llegar a ser iluminados.

Aunque todos tenemos la misma naturaleza interior que Buda, no nos damos cuenta de ello porque está encerrada y envuelta en nuestra mente individual ordinaria (“sem”).

Imaginemos un jarro vacío. El espacio interior es exactamente el mismo que el espacio exterior. Sólo sus frágiles paredes separan el uno del otro.

Nuestra mente de buda está encerrada entre las paredes de nuestra mente ordinaria. Pero cuando nos volvemos iluminados, es como si el jarro se rompiera en mil pedazos. El espacio de dentro se funde instantáneamente con el espacio de fuera. Se convierten en uno, y en ese mismo instante nos damos cuenta de que nunca fueron distintos ni independientes el uno del otro, siempre fueron lo mismo.

Sogyal Rimpoché
“El libro tibetano de la vida y de la muerte”

Fuente: https://rincondeltibet.com

viernes, 15 de junio de 2018

MINDFULNESS - Tocar la Vida Profundamente en Cada Momento, por Thich Nhat Hanh


MINDFULNESS 
Tocar la Vida Profundamente en Cada Momento,
por Thich Nhat Hanh

“Con consciencia plena, podemos preservar nuestra alegría interior… Podemos crear un fundamento de amor, paz y libertad dentro de nosotros mismos.”

La consciencia plena (Mindfulness) es la energía de estar consciente y despierto en el presente. Es la práctica continua de tocar la vida profundamente en cada momento. La práctica de la consciencia plena no requiere que vayamos a ningún lugar diferente. Podemos practicar la consciencia plena en nuestra habitación o en nuestro desplazamiento de un lugar a otro. Podemos seguir haciendo las mismas cosas que hacemos siempre, andar, sentarse, trabajar, comer, hablar, con la diferencia de que las hacemos siendo conscientes de lo que estamos haciendo.

Imagina que estás de pie con un grupo de personas, contemplando un hermoso amanecer. Pero mientras que otros se están empapando la vista, tú luchas. Estás inquieto con tus proyectos y preocupaciones. Piensas sobre el pasado y el futuro. No estás presente para apreciar la experiencia. De modo que, en vez de disfrutar del amanecer, dejas que la riqueza del momento pase inadvertida.

Supón, sin embargo, que lo miras desde otra perspectiva. ¿Qué pasa si cuando tu mente comienza a divagar, diriges tu atención a tu inspirar y espirar? Conforme vas practicando esta respiración profundamente, vas regresando al presente. Tu cuerpo y tu mente se juntan completamente como una unidad, permitiéndote estar totalmente disponible para presenciar, contemplar y disfrutar del escenario. Regresando al ‘hogar’ de tu respiración, recuperas esa maravilla del amanecer.

A menudo estamos tan ocupados que nos olvidamos de lo que estamos haciendo o de quienes somos. Conozco muchas personas que dicen olvidarse incluso de respirar. Nos olvidamos de mirar a las personas que amamos hasta que se han ido. Incluso cuando tenemos algún tiempo libre, no sabemos cómo entrar en contacto con lo que está ocurriendo dentro de nosotros. 

Así que encendemos la televisión o cogemos el teléfono como si de este modo pudiéramos escapar de nosotros mismos.

La consciencia de la respiración es la esencia de la consciencia plena. Según el Buda, la consciencia plena es la fuente de la alegría y la felicidad. La semilla de la consciencia plena está en cada uno de nosotros, pero generalmente olvidamos regarla. Si sabemos cómo tomar refugio en nuestra respiración, en nuestros pasos, podremos tocar nuestras semillas de paz y alegría y dejaremos que se manifiesten para nuestro regocijo. En vez de tomar refugio en el concepto abstracto de Dios, Buda, o Alá, nos daremos cuenta de que Dios puede ser tocado en nuestra respiración y nuestros pasos.

Esto suena fácil, y cualquiera puede hacerlo, pero se necesita práctica. La práctica de parar es crucial. ¿Cómo nos paramos? Nos paramos por medio de la inspiración, la espiración y nuestros pasos. Esta es la razón de que nuestra práctica básica sea la respiración consciente y el caminar consciente. Si dominas estas prácticas, podrás practicar el comer consciente, beber consciente, cocinar consciente, conducir consciente, etc, y estarás siempre en el aquí y ahora.

La práctica de la plena consciencia (smrti en sánscrito) lleva a la concentración (samadhi) que a su vez conduce a la sabiduría [insight] (prajña). El discernimiento que obtenemos de la meditación en consciencia plena puede liberarnos del miedo, la ansiedad, y la ira, permitiéndonos ser verdaderamente felices. Podemos practicar la consciencia plena utilizando algo tan simple como una flor. Cuando sostengo una flor en mi mano, soy consciente de ella. Mi inspiración y espiración me ayudan a mantener mi consciencia. En vez de quedarme abrumado por otros pensamientos, sostengo mi disfrute por la belleza de la flor. La concentración misma se convierte en una fuente de alegría.

Si queremos disfrutar plenamente de los dones de la vida, debemos practicar la consciencia plena en cada momento. Ya estemos cepillándonos los dientes, preparando el desayuno, o conduciendo hacia el trabajo. Cada paso y cada respiración puede ser una oportunidad para la alegría y la felicidad. La vida está llena de sufrimiento. Si no tenemos suficiente felicidad de reserva, no tendremos medios para cuidar de nuestra desesperanza. Disfruta tu práctica con una actitud relajada y suave, con una mente abierta y un corazón receptivo. Practica la comprensión y no por guardar las apariencias. Con consciencia plena, podemos preservar nuestra alegría interior, y así manejar mejor los retos de nuestras vidas. 

Podemos crear un fundamento de amor, paz y libertad dentro de nosotros mismos.


Thich Nhat Hanh

jueves, 14 de junio de 2018

EL VERDADERO SILENCIO, por Jeff Foster


EL VERDADERO SILENCIO,
por Jeff Foster

Cuando medites, no trates de acallar los sonidos o deshacerte de ellos, pero tampoco los ignores. Mantente en el medio; sé la presencia consciente en donde todos los sonidos, agradables, desagradables o neutros pueden ir y venir, como olas en el océano. Estate abierto a cada sonido, cercano o lejano, fuerte o suave. Permite que cada uno llegue, perviva el tiempo que sea necesario, y se vaya cuando esté listo. Sé receptividad incondicional.

Observa cómo los sonidos surgen por su cuenta, cómo se quedan por unos momentos, y cómo se disuelven en su propio tiempo, a su propio ritmo. Los sonidos sólo están obedeciendo a su propia naturaleza, siendo ellos mismos, perfectamente; recorriendo su propia senda, tal y como lo hacen todas las cosas.

Si un sonido en particular te distrae, o te estorba, o te molesta, ¡maravilloso! Simplemente advierte esa molestia, o irritación, o frustración, o decepción y deja que todo este allí; todo eso es aprovechable.

Date cuenta de esto: No es el sonido en sí lo que está creando la ‘molestia,’ es más bien la resistencia de la mente hacia ese sonido, es la insistencia de la mente con respecto a que ese sonido no debería estar ahí. ¿No es esa resistencia más ruidosa que el sonido en sí mismo? ¿Qué clase de silencio trataría de acallar un sonido? ¿Quién está distrayendo a quién?

Verás, el verdadero silencio no es lo opuesto al ruido. Esa es la versión del silencio que cuenta la mente, basándose en su obsesión con los opuestos y el contraste. El verdadero silencio deja que todos los sonidos vayan y vengan; es el océano donde incluso las más grandes olas pueden elevarse y caer, la consciencia en donde hasta la interminable cháchara mental tiene un hogar. Este amoroso silencio que incluye absolutamente todo es lo que tú eres. El silencio natural del Corazón.

No trates de acallar los pensamientos y sentimientos. No perturbes su preciosa paz, no te metas en su camino, ni seas imprudente con ellos. Simplemente conócete a ti mismo como la profunda quietud meditativa a donde todos los pensamientos y sentimientos tienen permitido llegar e irse, la aceptación incondicional de esta experiencia presente.


Jeff Foster