NAMASTÉ



"Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti de amor y luz, de verdad, y paz. Yo honro el lugar dentro de ti donde cuando tú estás en ese punto tuyo, y yo estoy en ese punto mío, somos sólo Uno."


Un día me levanté y ví que algo había cambiado a mi alrededor, en mi. Me inundaba una serena sensación de Paz y Amor por todo lo creado. Una simple florecilla me parecía entonces lo más hermoso y más grande en su perfección. La sonrisa de un niño, las lágrimas de un anciano... Mirarme a mi misma en el espejo... El mundo en sí parecía tener colores de recién pintado.

Al principio, yo no entendía a que podía deberse aquel cambio que sólo yo parecía ver. Nadie a mi alrededor parecía ser consciente de que todo a su lado brillaba de otra manera excepto yo. Llegue incluso a pensar si no estaría volviéndome loca, pero no. Simplemente había tomado conciencia de quien soy.

Poco a poco, al principio con paso inseguro y un tanto sola, fui iniciando mi camino. Buscaba a ciegas información en los sitios mas insospechados. Era como si una voz interior me guiase. (No puedo dejar de sonreír ante este comentario: "una voz interior".) Lejos estaba entonces de saber que era precisamente eso lo que me impulsaba a seguir.

Pronto comencé a conocer a gente que se encontraban en mi misma situación. Pronto comenzaron a aparecer en mi vida personas, Almas de Luz, que me fueron guiando, ayudando, consolando cuando tropezaba y caía y empujándome cuando parecía que iba a desistir en mi labor.

Comprendí que significaba haber DESPERTADO. Comprendí la tarea que tenía por delante para llevar a buen puerto la misión que se me encomendó. Aprendí lo ya sabido de nuevo, como si fuera de nuevo un bebe recién nacido. Viaje en mis sueños a las ciudades de sanación.

Ahora sé que soy Amor porque provengo del AMOR del PADRE y que como tal, estoy para difundir ese mismo Amor por todo lo que ÉL creó. Que mi meta está en ir evolucionando hacía la perfección y en ayudar a aquellos de nuestros hermanos que comiencen su caminar como un día fui ayudada yo.


*********


Por todo esto puedo y debo deciros:


Yo soy Drisana, la hija del Sol.


Ese es el significado de mi nombre, al menos el nombre más antiguo que recuerdo haber tenido en esta dimensión desde la primera vez que encarne en mi amada Lemuria.


En este aquí y ahora he vuelto de renacer, he despertado a la verdad y he recordado. Me he reconocido en cada un@ de mis herman@s. He reaprendido a amar al Padre-Madre y a toda su Sagrada y Divina Creación.


Y he sentido el llamado ancestral que anclado en lo más profundo de mi Esencia, me empuja a ayudar e iluminar desde la humildad de mi Ser y como persona humana, al resto de mis herman@s que ya están despertando.


Es tiempo de volver a Ser aquello que tan profundamente duerme dentro de nosotr@s. Tiempo de abrir los ojos del Alma, de avivar la llama imperecedera del AMOR Incondicional que se guarda en la cámara mas secreta de nuestros corazones. Tiempo de reconocer nuestra parte Divina. Tiempo de entender que como parte de la más Pura Luz del PADRE, tenemos un trabajo que hacer, una misión que cumplir.


Es tiempo de regresar al Hogar.


¡Despertar!


Llegó la hora de volver a ser Unidad con el UNO y de brillar con su Infinita Luz.


Desde la LUZ y con el AMOR más puro y profundo, os pido que repitáis conmigo:


YO SOY el/la que YO SOY y como tal me manifiesto en la Serena Paz, la Pura Luz y el Infinito Amor Incondicional del PADRE-MADRE.


YO SOY el/la que YO SOY



Que la LUZ del PADRE ilumine siempre nuestros corazones y junto con sus Ángeles y Arcángeles, seamos dignos y capaces de llegar al mismo centro de SU corazón,


La Paz y el Amor con nosotros.


Drisana

viernes, 12 de abril de 2019

SEMILLAS DE PAZ, por Brahma Kumaris


SEMILLAS DE PAZ
por Brahma Kumaris

Si plantamos una semilla de pensamientos limpia y positiva y nos concentramos en ella, le damos energía, así como el Sol da energía a una semilla en la tierra. Y tal como la semilla en la tierra despierta, se aviva y empieza a crecer, los pensamientos en los que nos concentramos despiertan, toman fuerza y empiezan a crecer. Así que sembremos pensamientos positivos.

Cada mañana, antes de que iniciemos el viaje del día, sentémonos en calma, en silencio, y sembremos la semilla de la paz. Paz es armonía y equilibrio. Paz es libertad de la carga de negatividad y desperdicio. Hagamos que la paz encuentre su hogar en nosotros. La paz es nuestra fortaleza original, nuestra eterna tranquilidad del ser.

En lo profundo de nuestra conciencia hay un oasis de paz. Es como el núcleo del alma. Es una fuente de poder interno que abastece nuestra mente e intelecto, de forma que podamos crear pensamientos poderosos, positivos y elevados y tomemos decisiones precisas. Si aprendemos a ir a este centro, la paz será nuestra compañera, la positividad nuestro socio, y seremos capaces de refrescarnos en un segundo, en cualquier lugar, en cualquier momento. Retornar al centro del ser es el viaje de un segundo. Es el destino regular de las almas sabias. Y es la fuente de nuestro poder y paz.


Brahma Kumaris

Fuente:http://www.brahmakumaris.es

miércoles, 10 de abril de 2019

UNA COMUNIÓN SILENCIOSA, por Mike George


UNA COMUNIÓN SILENCIOSA,
por Mike George


Mucho más allá de este mundo del tiempo, de la materia y de la acción, existe un universo de completo silencio y serenidad. Allí no hay sonido ni movimiento ni manecillas de reloj que dirijan la existencia.

No se le puede denominar “lugar” en la acepción normal del término, con la que pensamos en un espacio físico, y sin embargo es de esta dimensión de donde proviene el alma. Es nuestro hogar espiritual. Es el mundo de la eternidad, del silencio y de lo permanente, la dimensión silenciosa de luz.

En este mundo, que está más allá del tiempo y del espacio, reside permanentemente un punto de energía constante, un Ser puro, eternamente sin cuerpo, recordado por muchos como Dios. Este punto de energía pura, benevolente, omnisciente es el Padre espiritual de todas las almas. Este es el Uno al que se refieren casi todas las tradiciones espirituales y religiosas, a quien se recuerda como una luz radiante, una fuente de amor puro, incondicional.

Para redescubrir y recuperar el sentimiento de la consciencia de nuestra relación con Dios, en principio no es esencial la fe en Dios. Se necesita la apertura a la idea de que tal vez exista una fuente de energía espiritual mayor que nosotros. Tan solo si nuestras mentes están abiertas, podemos estar preparados para una comunicación directa y personal.

Una relación humana verdadera y saludable se construye, se sustenta y madura en el intercambio de una comunicación abierta, honesta e íntima. Nuestra relación con Dios no es diferente, solo que se da en silencio. Las vibraciones de nuestros pensamientos y sentimientos llegan y tocan la luz que es la Fuente y son luego reflejadas con amor y energía.

En última instancia, el encuentro es una comunión silenciosa, desprovista del ruido del pensamiento, y surge la consciencia de la presencia del Amado en nuestra vida. El sentimiento de relación se vuelve tan real como con un padre concreto o con un amigo. Está allí en un segundo, disponible en todo momento, no para tratar con lo mundano o para ayudar en una emergencia, sino para responderle a nuestro corazón abierto y honesto, y para que, a través nuestro, otras personas puedan ser tocadas con Su luz y amor y abran los ojos.



Extracto del libro:
A la luz de la meditación.
Una guía para meditar y alcanzar el desarrollo espiritual
Ed. KIER
Mike George

Fuente: http://www.brahmakumaris.es

martes, 9 de abril de 2019

UNA PARTE PERFECTA DE DIOS, por Jorge Oynaharte


UNA PARTE PERFECTA DE DIOS,
por Jorge Oynaharte

En esta tarde lluviosa y gris, desde mi Madrid, quisiera compartir con tod@s vosotr@s esta hermosa poesía de Jorge Oyhanarte: "Una Parte Perfecta de Dios."

Leerla y escucharla con atención, meditando lo que leéis y escucháis y tomar conciencia de lo que en verdad sois... Una parte perfecta de Dios:


"Si acaso la Vida y sus adversidades
quisieran mostrarte su peor arista,
ten allí presente aquellas verdades
que en medio del caos se pierden de vista:

“Nada ni nadie puede perturbarme:
¡yo soy eterno, soy inmutable…,
soy una parte perfecta de Dios!”.

Ya sea que te llames Roberto, Leonor,
Irene, Gustavo, Sebastián o Sandra,
cuando el miedo avance, ve hacia tu interior,
mientras te repites, cual si fuese un mantra:

“Nada ni nadie puede perturbarme:
¡yo soy eterno, soy inmutable…,
soy una parte perfecta de Dios!”.

Y tal vez sientas “algo” ante esa frase,
un resplandor de reconocimiento,
un “¡es verdad!”…, como si te mirases
en un espejo que dice: “¡no te miento!”.

“Nada ni nadie puede perturbarme:
¡yo soy eterno, soy inmutable…,
soy una parte perfecta de Dios!”.

Con la repetición, más lo cognizas,
te vuelves cada día más Despierto,
y al Maestro Interior lo corporizas,
porque al creer en Él, más lo haces cierto.

“Nada ni nadie puede perturbarme:
¡yo soy eterno, soy inmutable…,
soy una parte perfecta de Dios!”.

Y al darte cuenta que no eres tu envase,
nada habrá ya que te desequilibre,
y podrás sonreírle a lo que pase,
con esa paz que irradia el Hombre Libre.

“Nada ni nadie puede perturbarme:
¡yo soy eterno, soy inmutable…,
soy una parte perfecta de Dios!”."


Jorge Oyhanarte



miércoles, 20 de febrero de 2019

Los Apegos: La verdadera enfermedad de nuestra mente y alma


Los Apegos: 
La verdadera enfermedad de nuestra mente y alma


Uno de los temores que nos producen bloqueo en nuestra evolución son los apegos o formas de dependencia a personas, situaciones o cosas. Estos apegos o temores a perder algo son los que generalmente se ha ido dando en cualquier espacio y tiempo: miedo a la muerte, a la enfermedad, a la pobreza, a la soledad, a no ser amado, a no tener éxito, ... etc.

Como el apego es un miedo a perder algo o alguien, al ser un temor debe ser vencido y tratado como tal. Éste nos hace dependientes de esa situación, circunstancia, persona, o cosas con las que nosotros nos convencemos de que no es posible o muy difícil vivir sin aquello. Lo tenemos tan arraigado desde pequeñitos, que forma parte de nuestra educación y está tan presente en nuestra sociedad y vida, que además se enmascara junto con la sensación de las diversas necesidades que la sociedad va creando, y de tantas carencias que aparentemente se tienen, que hace difícil verlos y sobre todo liberarnos de todo ello.

En la sociedad actual en que vivimos, casi todo lo que se mueve es a tener más, mejor y ahora, lo cual crea un círculo vicioso de insatisfacción en el que no valoras ni las grandes ni las pequeñas cosas, materiales o inmateriales que ya poseemos, incluyendo situaciones, circunstancias, y lo más importante, las personas que forman parte de nuestro mundo. Se saltan las etapas en el proceso de voluntad-esfuerzo-obtención-gratitud que conllevan a un sentimiento vacío que hace caer en la trampa del querer más y más.

Una de las formas de liberarnos, y nunca mejor dicho, de minorar o eliminar la sensación de carencia, necesidad o apego es la renuncia, que es la aceptación de que otra realidad es posible y confiar en que nos tiene por qué pasar algo malo necesariamente si carecemos de aquello que tenemos tanto miedo a perder. Primero se niega el miedo, y después aceptamos y nos entregamos a la situación. Una vez más podemos decir, que para evolucionar frente a los apegos se puede afirmar que la Verdad nos hará libres.

Aquello que de una forma voluntaria no renunciamos, cuanto mayor es el temor a perderlo, es cuando a lo largo de la vida precisamente lo pierdes en algún momento de una forma dolorosa, y se arraiga la sensación de que la vida te ha despojado de aquello que anhelabas.

Incluso parece que a mayor apego, con mayor fuerza o dolor te es quitado. Recordemos que lo que no aprendemos de forma intuitiva o voluntaria, o cuando no hacemos caso a nuestro guía interior, es entonces cuando aprendemos por la vía del sufrimiento, a través de experiencias desagradables y que no siempre llegamos a comprender la causa de por qué suceden.

La renuncia no tiene que darse necesariamente en la realidad mediante actos, basta estar convencido de ello, es un acto de voluntad, de aceptación, de entrega. Pero tampoco es resignación, es ser capaz de vivir con una actitud lo suficientemente positiva para afrontar una nueva situación que a veces no llegamos a imaginar un beneficio posterior que podemos llegar a obtener. Seguro que todos recordamos algún momento en nuestra vida duro y amargo en el que ahora podemos preguntarnos que cómo habíamos sido capaces de superar aquella situación que quizá ahora se nos presentaría como nefasta y difícil de superar, y que incluso nos ha beneficiado con un aprendizaje o una satisfacción.

Un acto de renuncia a lo material, no está reñido con pedir y merecer abundancia, aunque parezca una paradoja.

Habría que echar una mirada a aquello que más nos molestaría o nos pudiese producir temor, envolverlo en amor y afirmar que no se tiene miedo a perder X. La renuncia mental o espiritual es ese acto amoroso que libera de la necesidad y para llenar ese vacío se siente una acogida en nuestro corazón a una nueva situación, en la que hay esperanza. No estamos solos y abandonados a nuestra suerte, está previsto todo, está provisto todo. El Mundo contiene TODO.

El Universo se conspira para tener la oportunidad de realizar nuestros deseos, si estamos dispuestos a arriesgarnos.

Autor: Anónimo

martes, 19 de febrero de 2019

SOBRE DEJAR DE MENDIGAR... Por Ramiro Calle


SOBRE DEJAR DE MENDIGAR...
Por Ramiro Calle

El pordiosero

"Era un mendigo que había pasado casi toda su vida pidiendo limosna, sentado en la acera de una tumultuosa callejuela en una localidad montañesa. Ya en las postrimerías de su vida, seguía alargando una y otra vez el brazo tembloroso a la espera de que alguna persona caritativa dejara una moneda en su mano. Durante varias décadas había vivido de la caridad de los otros, mirándolos suplicante, lamentándose para atraer la atención y pena de los viandantes. Pero un atardecer, le visitó la muerte y cayó desplomado justo allí donde había mendigado durante casi toda su larga existencia. Unos días después excavaron el lugar para hacer un desagüe y encontraron un cofre lleno de alhajas de incalculable valor. El hombre había estado durante mas de 50 años sentado sobre un fabuloso tesoro, pero, ignorante del mismo no había dejado de mendigar ni un solo día."

Buscamos la felicidad fuera de nosotros; miramos tan lejos que no podemos divisar el horizonte; cerramos todas las puertas de acceso hacia nosotros mismos. Somos mendigos de todo lo ajeno; pordioseros de lo que habita fuera de nosotros mismos. Reclamamos que los otros nos hagan sentirnos bien, nos procuren dicha y diversión, nos afirmen y aprueben, nos produzcan gusto y sosiego.

Pero la fuente de dicha y sosiego está dentro de nosotros, porque es ahí donde sentimos, experimentamos, vivenciamos y en última instancia vivimos. En el mundo exterior podemos hallar confort, diversión, encuentro y desencuentro, placer y sufrimiento, pero el tesoro de la inconmovible paz interior está en nosotros mismos.

Nadie te puede procurar ese sosiego. No podemos desplazar nuestra responsabilidad y poner el sosiego y la dicha en la falsa idea de que los demás nos los tienen que proporcionar. 

Esa actitud es nociva e infantil; se basa en expectativas que antes o después se sentirán defraudadas. Es como la persona ganada por el tedio que culpa a los demás de su propio aburrimiento. Pero uno mismo debe convertirse en su maestro y viajar hacia el tesoro interior, pues reclamamos de fuera lo que habita dentro. Hemos de emprender sin demora la senda hacia nuestra quietud interior, porque, como reza el Dhammapada, «un solo día de la vida de una persona que perciba la Sublime Verdad vale más que cien años de la vida de una persona que no perciba la Sublime Verdad». Buda dijo antes de morir: «Cada uno de vosotros sea su propia isla; cada uno, su propio refugio, sin tratar de acogerse a ningún otro». En cada persona es posible actualizar el propio santuario de sosiego. Pero tenemos que superar impedimentos de muchos tipos, que en las antiguas psicologías orientales se refieren: la ilusión de un ego independiente y no provisional, la duda sistemática que impide la confianza en la capacidad de autodesarrollo, el apego a ritos y ceremonias, el aferramiento, la concupiscencia, la malevolencia, el deseo de estados sutiles, el deseo de estados inmateriales, la presunción, el desasosiego y la ofuscación. Para seguir con éxito la senda hacia la paz interior es necesario:

-Trabajar sobre la mente para liberada de ofuscación, avidez y odio, a fin de que pueda florecer el lado más luminoso, claro y constructivo de la misma.

-Desarrollar un saludable autocontrol, que nos permita refrenar la apatía, la pereza, la negligencia y la confusión mental. -Desplegar el entendimiento correcto para poner la energía en esencial y no en lo inesencial.

-Vigilar los pensamientos, las palabras y los actos, haciéndolos más lúcidos e inegoístas.

-Desarrollar una conducta más virtuosa y menos egoísta y egocéntrica, pudiendo así evitar culpas y arrepentimientos.

-Evitar relacionamos sistemáticamente con personas innobles, confusas y  malintencionadas; en lo posible asociamos con individuos sensibles, nobles, sabios y bienintencionados.

-Ser indiferentes al halago o al insulto, a la aprobación o a la desaprobación.

-Ejercitarse en el desasimiento y el desapego, mediante la atención vigilante, la ecuanimidad, el desenvolvimiento de la compasión, el sometimiento del ego y el saludable autodominio.

-Comprender las necesidades ajenas y evitar herir a las otras criaturas.

-Renunciar al aferrante sentido de posesividad, saber soltar y fluir.

-Valorar la amistad y tender vínculos de genuino amor y sana afectividad.

-Tratar de ser uno mismo y mantener la firmeza y equilibrio demente a pesar de las inevitables vicisitudes vitales.

-No cejar en el empeño de mejorar, porque, como dice el Dhammapada, «gradualmente, poco a poco, de uno a otro instante, el sabio elimina sus propias impurezas como el fundidor elimina la escoria de la plata».

Ese místico y poeta excepcional llamado Kabir y nacido en la sacrosanta Benarés escribía, a propósito de ese gran tesoro interior que es nuestra energía de ser, lo siguiente: He encontrado algo realmente excepcional; nadie puede calcular su valor...Yo moro en él y él mora en mí, formamos una unidad, como agua con agua mezclada.  Aquel que lo conoce nunca morirá.

El Bhagavad Gita nos explica: «Quien tiene una mente tranquila por la práctica del yoga, quien tiene su alma satisfecha, quien conoce su propia felicidad, real y profunda, quien ha dominado sus sentidos y quien ha llegado a un estado de verdad espiritual del que no puede separarse jamás, ése ha alcanzado el mayor de los triunfos y un tesoro ante el cual todos los demás pierden su valor; en ese estado el hombre no se turba ni se entristece ante la mas profunda desgracia.


Ramiro Calle

miércoles, 13 de febrero de 2019

LA PARABOLA DE LA FLECHA ENVENENADA, POR BUDA


LA PARABOLA DE LA FLECHA ENVENENADA, POR BUDA


La famosa parábola de la flecha envenenada ilustra la simpleza del sistema budista: ocuparse de lo que el momento dicta es el inicio del camino a la liberación.

Buda, al igual que maestros como Pitágoras, Sócrates o Lao-Tse, enseñó fundamentalmente una filosofía práctica, orientada a liberar al ser humano de la ignorancia y el sufrimiento. Estos grandes sabios coinciden también en que es baladí intentar definir aquello que es infinito, inefable e inconmensurable, puesto que cualquier cosa que digamos sobre lo Absoluto será solamente una proyección condicionada de nuestra mente. A veces es mejor ocuparse de cosas más sencillas: un camino de mil kilómetros empieza por un solo paso, como dice el Tao.

En el Majjhima Nikaya, una colección de textos atribuidos a Buda, que forman parte del Canon Pali, se cuenta la que ha sido llamada “la parábola de la flecha envenenada”. La historia es contada por Gautama Buda aparentemente después de que un discípulo estuviera impaciente de escuchar del maestro las respuestas a las “14 preguntas sin respuesta”, las cuales tenían que ver con cuestiones altamente metafísicas (como la eternidad del mundo, la vida después de la muerte, etcétera).

Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real… Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas.

Esta es básicamente la parábola, si bien a veces es relatada con algunos más detalles, la esencia es esta. Evidentemente la actitud del hombre herido es absurda y podríamos pensar que es de una necedad inaudita, pero Buda nos diría que a la mayoría de nosotros nos está pasando algo muy similar pero no nos damos cuenta. De alguna manera todos estamos heridos con esa flecha envenenada –todos estamos muriendo– y hacemos preguntas irrelevantes (por más que sean fascinantes), y le damos importancia a cosas que solamente nos desvían de nuestra realidad. Todos tenemos la oportunidad de salvarnos de esta herida –si abandonamos nuestra importancia personal– pero pocos los hacemos. Hay muchas cosas que son innecesarias –la verdadera espiritualidad consiste más en eliminar las cosas que son innecesarias que en penetrar construcciones metafísicas y obtener deslumbrantes conceptos filosóficos. De alguna manera Buda nos está sugiriendo que el camino no es a través de la mente y de sus especulaciones –la mente que es incesante en su duda y en su deseo y que teje laberintos espectrales a la velocidad del pensamiento– sino que el sendero se abre a través de la acción que responde a lo que es necesario, la conducta en armonía con la Ley. Manly P. Hall comenta sobre esta parábola en su libro Buddhism and Psychotherapy:

En la parábola, la flecha es la tragedia inmediata, significando el egoísmo base que se ha convertido en el lugar común de la existencia moral… No nos damos cuenta de la gravedad de la herida, o estaríamos impelidos a remover la flecha inmediatamente, utilizando cualquier medio a nuestro alcance para liberarnos de los venenos que han sido colocados en la punta de la flecha. Mientras el ser humano viva apegado a un código de interés personal, justificando el error malinterpretando los patrones universales a su alrededor, nunca podrá conocer la libertad más allá del dolor.

[…] El budismo toma la posición de que cuando un hombre se da cuenta que está viviendo de manera incorrecta, es su obligación moral rectificar su carácter, y si no hace esto debe cosechar sus errores. Es completamente imposible para un ser humano romper las reglas de su especie y evitar el sufrimiento. Así que debe de decidir cuánto está dispuesto a sufrir, cuánto tiempo está dispuesto a ser infeliz y a vivir sin seguridad como resultado de su ignorancia o falta de valentía.
La parábola de Buda y el comentario de Manly P. Hall, nos invitan a examinar nuestra propia conciencia, nos llaman a atrevernos a ver lo que es evidente. ¿Qué es lo necesario? ¿Qué es aquello que debo hacer antes que otra cosa? Quizá si meditamos –no es necesario tener gran técnica, sí lo es la sinceridad– nos daremos cuenta que lo necesario, lo que justamente debemos hacer, es tan contundente como una flecha enterrada en el cuerpo.

visto en Pijamasurf.com

lunes, 11 de febrero de 2019

SE LLAMA CALMA, por el Dalai Lama


SE LLAMA CALMA
por el Dalai Lama


Se llama calma y me costó muchas tormentas.

Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda.

Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.

Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.

Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.

Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.

Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.

Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.

Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.

Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces mas hasta volverla a encontrar.

Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…




Dalai Lama 

jueves, 31 de enero de 2019

AMOR INCONDICIONAL, por Jennifer Hoffman


AMOR INCONDICIONAL,
por Jennifer Hoffman


¿Qué es el Amor Incondicional? 
Es el Amor que se da sin esperar recibir nada a cambio, ni siquiera Amor. 

Es el Amor que reconoce, acepta y aprecia todas las cosas, incluso aquellas que no entiende. 

Es el Amor que nos llama a hacer brillar nuestra Luz, aún cuando nadie esté mirando. 

Es la forma en que debemos Amarnos a nosotros mismos y el único tipo de Amor que podemos compartir libremente con los demás. 

El Amor Incondicional es la fuerza más poderosa en el universo y no hay nada en él que sea débil ni impotente, porque es una energía, que no debe confundirse con la emoción del Amor.

La palabra ‘amor’ que utilizamos cuando describimos nuestras relaciones con aquellos a quienes quisiéramos o pensamos que deberíamos gustarles y deberían aceptarnos, es una energía de tercera dimensión, por lo que está sujeta a todos los matices, dudas y miedos que forman parte de nuestro mundo 3D. 

En el amor emocional podemos ser débiles y vulnerables, inseguros y confusos. 
¿Acaso alguien nos ama, debemos amarlos, son ellos (o nosotros) dignos de amor? 

Las emociones tienen además su origen en el pasado – amamos según nuestro karma, ADN emocional, historia y dinámica del grupo álmico. 

El amor emocional es condicional y cuestionable; el Amor Incondicional no lo es.

El Amor Incondicional no tiene ninguna conexión con lo que sentimos por los demás. 

Porque es ‘Amor’, lo confundimos con un sentimiento.

Pero si lo consideramos semejante al aire que respiramos, se hace fácil de entender y de identificarnos con él. 

El aire está en todas partes, es esencial para la vida, es utilizado por todos, y está al alcance de todos. 

No juzga, condena, limita ni critica. 

Bendice y fomenta la vida, sin hacer preguntas. 

Podemos conectar con el aire o no, ésa es nuestra elección, así como los demás pueden conectar con nosotros o no, y nosotros con ellos, todo es elección. 

Pero cuando somos conscientes de estar en esta vibración, siempre atraemos los aspectos más elevados de la tercera dimensión porque estamos en este nivel de vibración.

Estamos en nuestra vibración más elevada al nivel del Amor Incondicional, 
y cuando retiramos la conexión emocional, estamos abiertos a dar y recibir esta energía. 

Con cada inhalación, recibimos Amor Incondicional, y con cada exhalación lo compartimos con el mundo. 

A medida que el Amor pasa a través de nuestro campo vibratorio, nos bendice y nos eleva. 

Y cuando lo damos libremente a los demás, les permitimos compartir esta bendición. 

Cuando llevamos el Amor Incondicional a este nivel de simplicidad, se vuelve natural, y al ser conscientes de esta vibración también atraemos a nosotros 
todo el amor emocional que deseamos.


Jennifer Hoffman

miércoles, 23 de enero de 2019

UNA MIRADA AL FUTURO (Khalil Gibran)


UNA MIRADA AL FUTURO 
(Khalil Gibran)


Desde atrás del muro del Presente oí los himnos de la humanidad. Oí el sonido de las campanas que anunciaban el comienzo de la plegaria en el templo de la Belleza. Campanas moldeadas con el metal de la emoción y suspendidas sobre el altar sagrado, el corazón humano.

Desde atrás del Futuro vi multitudes que cumplían con su culto en el seno de la Naturaleza, sus rostros vueltos al Oriente, esperando la inundación de la luz de la mañana, la mañana de la Verdad.

Vi la ciudad en ruinas y que nada quedaba para hablar al hombre de la derrota de la Ignorancia y del tiempo de la Luz.

Vi a los ancianos sentados a la sombra de los cipreses y de los sauces, rodeados por jóvenes que oían sus narraciones de otros tiempos.

Vi a los jóvenes rasgueando sus guitarras y tocando sus caramillos, y a las doncellas bailando bajo los jazmines, con las trenzas al viento.

Vi a los hombres cosechando trigo y a sus esposas reunien­do las gavillas y cantando alegres canciones.

Vi a una mujer que se adornaba con una corona de lilas. Vi que la amistad entre el hombre y todas las criaturas se estrechaba, y familias de pájaros y mariposas, confiadas y seguras, que volaban hacia los arroyos.

Vi que no había pobreza; tampoco encontré exceso. Vi que la fraternidad y la igualdad reinaban entre los hombres.

Vi que no había médicos, porque cada uno tenía los medios y el conocimiento para curarse a sí mismo.

Encontré que no había sacerdotes, porque la conciencia había llegado a ser el Supremo Sacerdote. Tampoco vi aboga­dos, porque la Naturaleza había tomado el lugar de los tribu­nales y regían tratados de amistad y unión.

Vi que el hombre sabía que él es la piedra fundamental de la creación y que se ha elevado por encima de la pequeñez y bajeza y ha arrancado el velo de la confusión de los ojos del alma. Este alma ahora lee lo que las nubes escriben en el cielo y lo que la brisa dibuja sobre la superficie del agua; ahora entiende el significado del perfume de las flores y las modu­laciones del ruiseñor.

Desde atrás del muro del Presente, sobre la plataforma de las edades venideras, vi a la Belleza como a una novia y al Espíritu como a un novio; la Vida era la Noche ceremonial del Kedre*.

(*Noche de la Cuaresma musulmana, durante la cual se espera que Dios cumpla los deseos del devoto)


Khalil Gibran 
Una mirada al futuro 
(Pensamientos y Meditaciones)

sábado, 19 de enero de 2019

AMA LO QUE ERES, por Ramtha (Contiene link para leer en pdf "El "Libro Blanco" de Ramtha)*


AMA LO QUE ERES,
por Ramtha 
(Contiene link para leer en pdf "El "Libro Blanco" de Ramtha)*


Cuando amas lo que eres, no hay cosa inconquistable ni inalcanzable. 

Cuando realmente te amas a ti mismo, vives solamente en la luz de tu propia risa y viajas solamente por el camino de la alegría. 

Cuando estás enamorado de ti mismo, entonces, esa luz, esa fuerza unificada, esa felicidad, esa alegría, ese jubiloso estado de ser, se extiende a toda la humanidad. 

Cuando el amor abunda dentro de tu maravilloso ser, el mundo, con todos sus desagrados, se convierte en algo hermoso, y la vida se llena de sentido y de alegría.

No hay amor mas sublime en la vida que el amor del Yo. 

No existe amor más grande, pues a partir del abrazo del Yo existe la libertad. 

Y es en esa libertad donde nace la alegría. 

Y gracias a ese nacimiento, Dios es visto, conocido y abrazado. 

El amor más profundo, más grande y más significativo es el amor del Yo puro e inocente, la magnífica criatura que se sienta entre las paredes de la carne y que se mueve y contempla, crea, permite y es. 

Y cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica esencia que yo amo, que se halla detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas. 

Entonces amarás como Dios ama. Así es fácil amar y perdonar. Así es fácil ver a Dios en toda la vida.


Ramtha 

"El libro blanco" 


::::::::::::::::::::::::::::::::::::


*Aquí os dejo el link desde donde podes leer o descargar el pdf de "El Libro Blanco" de Ramtha:

miércoles, 16 de enero de 2019

LA MATRIZ DIVINA, por Gregg Braden


LA MATRIZ DIVINA
por Gregg Braden


Fragmento:

"Toda materia existe en virtud de una fuerza. Debemos asumir tras esa fuerza la existencia de una mente consciente e inteligente. Esa mente es la matriz de toda la materia." Max Planck, físico. 1944

Con estas palabras Max Planck, padre de la teoría cuántica, describía un campo universal de energía que conecta a todos y a todo lo que hay en la creación: La Matriz Divina.

La Matriz Divina es nuestro mundo. También es todo lo que hay en nuestro mundo. Somos nosotros y todo lo que amamos, odiamos, creamos y experimentamos. Al vivir en la Matriz Divina, somos como artistas que expresamos nuestras más recónditas pasiones, miedos, sueños y deseos a través de la esencia de un misterioso lienzo cuántico. Pero nosotros somos tanto ese lienzo como las imágenes plasmadas sobre él. Somos a la vez las pinturas y las brochas.

En la Matriz Divina somos el recipiente en cuyo interior existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. En la Matriz Divina somos a la vez la semilla del milagro y el propio milagro.
(…)

La ciencia moderna ya ha llegado al punto del que arrancan nuestras tradiciones espirituales mejor consideradas. Un creciente cuerpo de evidencia científica apoya la existencia de un campo de energía -la Matriz Divina- que proporciona ese recipiente, así como el puente y el espejo de todo lo que sucede entre el mundo que hay en nuestro interior y el mundo externo a nuestros cuerpos. El hecho de que ese campo esté en todo, desde las partículas más pequeñas del átomo cuántico hasta universos distantes cuya luz está alcanzando precisamente ahora nuestros ojos, así como en todo lo intermedio entre ambos, cambia todo lo que creíamos acerca de nuestro papel en la creación. Sugiere que debemos ser bastante más que simples observadores que pasan a través de un breve instante de tiempo por una creación preexistente.

Cuando contemplamos la “vida” –nuestra abundancia material y espiritual, nuestras relaciones y carreras, nuestros amores más profundos y nuestros mayores logros, así como nuestros temores a carecer de todas esas cosas- es posible que también estemos encuadrando nuestra mirada en el espejo de nuestras creencias más auténticas, generalmente inconscientes. Las vemos en nuestro entorno porque se han manifestado mediante la misteriosa esencia de la Matriz Divina. De ser así, la propia conciencia debe jugar un papel clave en la existencia del universo.

Somos Tanto los Artistas como el Arte

Por inaprensible que pueda resultar esta idea a algunas personas, esta es precisamente la otra cara de la moneda de algunas de las mayores controversias entre algunas de las mentes más grandiosas de la historia reciente. Por ejemplo, en una cita de sus notas autobiográficas, Albert Einstein compartía esta creencia de que somos esencialmente observadores pasivos que viven en un universo ya previamente emplazado, sobre el que, al parecer, tenemos muy escasa influencia. “Vivimos en un mundo”, decía, “que existe independientemente de nosotros, los seres humanos, y que existía antes que nosotros, como un gran enigma eterno que, al menos de manera parcial, es accesible a nuestro pensamiento y observación”.

En contraste con la perspectiva de Einstein, que aún es ampliamente defendida por muchos científicos en la actualidad, John Wheeler, físico de Princeton y colega de Einstein, ofrece una visión radicalmente diferente de nuestro papel en la creación. En términos sólidos, claros y gráficos, Wheeler dice que: “Tenemos la vieja idea de que ahí afuera está el universo, y aquí está el hombre, el observador, protegido y a salvo del universo por un bloque de vidrio laminado de seis pulgadas”. Refiriéndose a los experimentos de finales del siglo XX que nos muestran que simplemente observar una cosa cambia esa cosa, Wheeler continua: “Ahora hemos aprendido del mundo cuántico que hasta para observar un objeto tan minúsculo como un electrón tenemos que quebrar ese vidrio laminado; tenemos que meternos dentro de él. Por lo tanto, sencillamente hay que tachar de los libros la vieja palabra observador, sustituyéndola por la nueva palabra participante”.

¡Qué vuelco! En una interpretación radicalmente diferente de nuestra relación con el mundo que nos rodea, Wheeler está afirmando que nos es imposible limitarnos a observar lo que pasa en él. De hecho, experimentos de física cuántica demuestran que el acto de que observemos algo tan pequeño como un electrón, concentrando nuestra consciencia sobre lo que esté haciendo ese electrón, aunque sea sólo un instante, cambia sus propiedades mientras lo observamos. Los experimentos sugieren que el mismo acto de observar es un acto de creación y que la consciencia es la que crea.

Es interesante notar que las sabias tradiciones del pasado indican que nuestro mundo funciona precisamente de esa manera. Desde los Vedas de los antiguos hindúes, que según ciertos estudiosos datarían del 5000 a.C., hasta los Rollos del Mar Muerto, que tienen 2.000 años, el tema general parece indicar que el mundo en realidad es un espejo de las cosas que están pasando en un reino superior o en una realidad más profunda. Por ejemplo, comentando las nuevas traducciones de los fragmentos del Rollo del Mar Muerto conocido como Las Canciones del Sacrificio del Sabbath, sus traductores resumen su contenido en que "Lo que pasa en la tierra no es sino un pálido reflejo de esa realidad superior final".

La implicación de ambos textos antiguos con la teoría cuántica es que en los mundos invisibles creamos el proyecto de nuestras relaciones, carreras, éxitos y fracasos del mundo visible. Desde ese punto de vista, la Matriz Divina funciona como una gran pantalla cósmica que nos permite ver la energía no física de nuestras emociones y creencias (nuestro enojo, odio y rabia, así como nuestro amor, compasión y comprensión) proyectada en el medio vital físico.

Al igual que una pantalla de cine refleja la imagen de cualquier cosa o persona que haya sido filmada sin emitir juicio alguno, la Matriz parece proporcionar una superficie neutra para que nuestras experiencias y creencias internas sean vistas en el mundo. A veces conscientemente, a menudo de manera inconsciente, “mostramos” nuestras verdaderas creencias de todo tipo, desde la compasión a la traición, a través de la calidad de las relaciones que nos circundan. En otras palabras, somos como artistas que expresamos nuestras pasiones, temores, sueños y deseos más profundos, a través de la esencia viviente de un misterioso lienzo cuántico. Y al igual que los artistas refinan una imagen hasta que a sus mentes les parece adecuada, en muchos aspectos parece que nosotros hacemos lo mismo con nuestras experiencias vitales a través de la Matriz Divina. 

Qué concepto tan raro, hermoso y poderoso. De idéntica manera que el artista usa el mismo lienzo una y otra vez mientras va buscando la expresión perfecta de una idea, podemos considerarnos artistas perpetuos que construimos una creación que siempre está cambiando y que nunca se termina. La clave para hacerlo de manera intencional es que no sólo tenemos que entender cómo funciona la Matriz Divina sino que, además, para comunicar nuestros deseos a esa red ancestral de energía necesitamos un lenguaje que ella sea capaz de reconocer.

El Lenguaje Que Crea

Nuestras tradiciones más antiguas y acendradas nos recuerdan que, de hecho, hay un lenguaje que le habla a la Matriz Divina: un lenguaje que carece de palabras y que no implica los habituales signos externos de comunicación que hacemos con nuestras manos y nuestro cuerpo. Dicho lenguaje adopta una forma tan simple que todos sabemos ya “hablarlo” de manera fluida. De hecho, lo usamos cada día de nuestras vidas. Es el lenguaje de la creencia y de la emoción humanas.

La ciencia moderna ha descubierto que, con cada emoción que experimentamos en nuestros cuerpos, experimentamos también cambios químicos en cosas que reflejan nuestras emociones, tales como el pH y las hormonas. Desde las experiencias “positivas” de amor, compasión y perdón, por ejemplo, hasta las “negativas” de odio, juicio o celos, cada uno de nosotros posee el poder de afirmar o negar su existencia en cada momento de cada día. Adicionalmente, la misma emoción que confiere semejante poder a lo que hay dentro de nuestros cuerpos extiende ese mismo poder nuestro hacia el mundo cuántico que está más allá de nuestros cuerpos.

Tal vez sea útil imaginar la Matriz Divina como una frazada cósmica que empieza y termina en los reinos de lo desconocido, cubriendo todo lo que hay entre ellos. La frazada tiene una profundidad de varias capas y siempre está puesta en todas partes a la vez. Nuestros cuerpos, vidas y todo lo que conocemos, existe y sucede en el interior de las fibras de esa frazada. Desde nuestra creación acuática en el útero de nuestra madre hasta nuestros matrimonios, divorcios, amistades y carreras, todo lo que experimentamos puede ser asimilado a arrugas en la frazada.

Admito que pensar en nosotros mismos como “arrugas” de la Matriz pueda quitarle algo de romance a nuestras vidas, pero también nos brinda una manera poderosa de pensar acerca de nuestro mundo y de nosotros mismos. Si queremos crear relaciones nuevas, saludables y afianzadoras de nuestras vidas, si queremos atraer a ellas un romance sanador, o una solución pacífica a Oriente Medio por ejemplo, debemos crear una perturbación nueva en el campo, una que refleje nuestro deseo. Tenemos que crear una “arruga” nueva en esa cosa de la que están hechos el espacio, el tiempo y nuestros cuerpos. Esta es nuestra relación con la Matriz Divina. Se nos da el poder de imaginar, soñar y sentir las posibilidades de la vida desde el interior de la propia Matriz, de manera que podamos reflejar hacia nosotros lo que hayamos creado.

Está claro que no sabemos todo lo que hay que saber sobre la Matriz Divina. La ciencia no tiene todas las respuestas. Con total honestidad, los científicos ni siquiera saben con seguridad de dónde viene la Matriz Divina. También sabemos que podríamos estudiarla otros 100 años y seguiríamos sin conocer esas respuestas. Sin embargo, lo que sí sabemos es que la Matriz Divina existe. Está aquí y podemos introducirnos en su poder creativo mediante el lenguaje de nuestras emociones. Cuando lo hacemos, nos introducimos en la verdadera esencia del poder de cambiar nuestras vidas y el mundo.

El Universo como Ordenador Consciente

En muchos sentidos, nuestra experiencia de la Matriz Divina podría compararse a los programas con los que trabaja un ordenador. En ambos casos las instrucciones deben utilizar un lenguaje que el sistema comprenda. Para el ordenador, ese lenguaje es un código numérico de ceros y unos. Para la conciencia se requiere de una clase de lenguaje diferente: uno que no use ni números ni alfabetos, ni siquiera palabras. Como ya somos parte de la conciencia, tiene perfecto sentido que ya tengamos todo lo que necesitamos para comunicarnos sin necesidad de un manual de instrucciones o de adiestramiento especial. Y lo hacemos.

Al parece, el lenguaje de la conciencia es la experiencia universal de la emoción. Ya sabemos cómo amar, odiar, temer y perdonar. Al reconocer que esas experiencias son en realidad las instrucciones que programan la Matriz Divina, podemos aguzar nuestras destrezas para comprender mejor cómo llevar a nuestras vidas alegría, salud y paz.

De la misma manera que todo lo vivo se configura a partir de las cuatro bases químicas que generan nuestro ADN, el universo parece estar constituido en base a cuatro características de la Matriz Divina que hacen que las cosas funcionen como lo hacen. La clave para penetrar en el poder de la Matriz reside en nuestra habilidad para admitir los cuatro descubrimientos que son los hitos que enlazan nuestras vidas de una manera sin precedentes. 

Descubrimiento 1: Hay un campo de energía que conecta todo lo que hay en la creación.

Descubrimiento 2: Dicho campo juega los papeles de recipiente, puente y espejo de las creencias que albergamos. 

Descubrimiento 3: El campo está en todas partes (no está localizado) y es holográfico. Todas sus partes están conectadas con las demás. Y cada parte refleja al todo a una escala inferior.

Descubrimiento 4: Nos comunicamos con el campo a través del lenguaje de la emoción.

De nuestra habilidad depende reconocer y aplicar esas realidades que lo determinan todo, desde nuestra sanación hasta el éxito de nuestras relaciones y carreras.

De manera casi universal, compartimos la sensación de que hay más de lo que nuestros ojos alcanzan. En algún lugar profundamente escondido entre las brumas de nuestra memoria más antigua, sabemos que tenemos en nuestro interior poderes mágicos y milagrosos, de cuyos recuerdos estamos rodeados por todas partes. La ciencia moderna ha demostrado más allá de cualquier duda razonable que la “cosa” cuántica de la que estamos hechos se comporta de maneras aparentemente milagrosas. Si las partículas de las que estamos hechos pueden establecer entre sí una comunicación instantánea, estar en dos sitios a la vez, sanar espontáneamente e incluso cambiar el pasado mediante elecciones hechas en el presente, entonces nosotros también podemos hacer lo mismo. La única diferencia entre esas partículas aisladas y nosotros es que nosotros estamos hechos de muchísimas partículas que se mantienen unidas por el poder de la propia conciencia. 

Los antiguos místicos recordaron a nuestros corazones, y los experimentos modernos han demostrado a nuestras mentes, que la fuerza más poderosa del universo es la emoción que vive en cada uno de nosotros. Y ese es el gran secreto de la propia creación: el poder de crear en el mundo lo que imaginemos y sintamos en nuestras creencias. Aunque pueda sonar demasiado simple para ser verdad, yo creo que el universo funciona precisamente de esta manera.

Cuando el poeta y filósofo sufí Rumí observó que tenemos miedo de nuestra propia inmortalidad, tal vez quiso decir que en realidad lo que verdaderamente nos asusta es nuestro poder de elegir la inmortalidad. Al igual que los antiguos iniciados descubrieron que bastaba una pequeña sacudida para que les fuese posible contemplar al mundo de una manera diferente, quizás lo único que nos haga falta a nosotros sea un pequeño giro para que nos demos cuenta de que somos los arquitectos de nuestro mundo y de nuestro destino, artistas cósmicos que expresamos nuestras creencias interiores sobre el lienzo del universo.

Si somos capaces de recordar que somos tanto el arte como el artista, tal vez podamos recordar también que somos tanto la semilla del milagro como el propio milagro. Si podemos dar ese pequeño giro, ya estaremos sanados en la Matriz Divina.




Gregg Braden



::::::::::::::::::::::::::::


Notas al margen:

"Cuando esperamos que algo suceda, esa expectativa es una emoción en nuestros cuerpos. Es a través de esa emoción que se ponen en movimiento una serie de acontecimientos que se extienden más allá de nuestro cuerpo, hacia el mundo a nuestro alrededor, a través de este campo la Matriz Divina. Estamos en realidad afectando y teniendo una influencia directa en la materia de la que nuestro mundo está compuesto, de formas que estamos sólo comenzando a comprender."

"El sentimiento es el lenguaje que programa la computadora de la consciencia del universo ".

Enviado por Manantial Difusión
Más info. sobre Gregg Braden y La Matriz Divina, en: www.greggbraden.com
Reedición y correcciones: www.caminosalser.com